Cuando acompaño a una persona en consulta, parto de una idea sencilla, no somos un síntoma, somos una historia. Esa historia se escribe en nuestras relaciones, en el cuerpo y en cómo nos hablamos por dentro.
Si sospechas que tus patrones de apego y experiencias difíciles siguen “activas”, aquí te explico cómo trabajo la terapia de trauma y apego en Madrid (presencial) y online de forma clara y sin jerga.
El trauma no es solo “lo que pasó”, sino lo que quedó sin poder procesarse: respuestas de alerta, tensión corporal, rumiación, miedo al rechazo o dificultad para poner límites. El apego es el estilo en que aprendimos a vincularnos y a calmarnos con ayuda de otros. Cuando ambos se encuentran, pueden aparecer patrones que se repiten: elegir relaciones poco disponibles, sentir que “voy a ser abandonada/o” o desconectar de lo que siento para no molestar.
En sesión, suelo distinguir entre:
Trauma simple: eventos puntuales (p. ej., un accidente) que dejaron huella.
Trauma complejo: experiencias sostenidas (p. ej., falta de cuidado, invalidación, miedo “en casa”) que moldean la forma de relacionarnos.
Señales de que esta terapia puede ayudarte:
Te notas en alerta en relaciones (mucho “¿y si…?”) o sientes el cuerpo contraído sin motivo claro.
Te cuesta diferenciar límites propios de la culpa o el miedo a perder a la otra persona.
Tienes somatizaciones (nudo en la garganta, opresión en el pecho, problemas digestivos) que empeoran con conflictos.
Sientes que repites la misma historia con diferentes personas.
En mi experiencia, cuando comprendemos lo que nos ocurre (psicoeducación clara), regulamos el sistema nervioso (herramientas concretas) y probamos nuevas formas de relacionarnos dentro y fuera de sesión, el cambio se vuelve alcanzable y medible en el día a día.
Crecer con seguridad no significa “familias perfectas”, sino contar con suficiente sintonía y reparación. Si eso faltó, podemos haber aprendido estrategias muy útiles en su momento, que hoy ya no nos sirven.
Apego ansioso: mucha necesidad de cercanía y confirmación; miedo intenso a la pérdida. En pareja, puede sentirse como montaña rusa emocional.
Apego evitativo: autosuficiencia alta, incomodidad con la intimidad. Se tiende a minimizar necesidades (“no pasa nada”) y a desconectar del cuerpo.
Apego desorganizado: oscilación entre acercarse y alejarse con fuerte activación; el otro es simultáneamente refugio y peligro.
¿Cómo se ve en la práctica?
En consulta suelo trabajar con ejemplos cotidianos: ese WhatsApp que dispara ansiedad, la reunión en la que te callas lo importante o la cita en la que te “pones una armadura”. Observamos qué haces para estar a salvo, cómo lo aprende tu cuerpo y qué alternativas podemos ensayar para que haya más calma y elección.
¿Y el apego seguro? No es ausencia de conflicto, sino capacidad de repararlo. En terapia lo construimos poco a poco: con ritmo, límites claros y experiencias nuevas de seguridad compartida.
Ofrezco terapia individual para adultos, presencial en distintos consultorios de Madrid y online mediante videosesiones seguras (para quien necesita flexibilidad). Mi estilo es cercano, claro y práctico: vamos a lo que te pasa hoy y también a cómo llegaste hasta aquí.
Mapeamos tus detonantes, patrones relacionales y señales corporales. Uso psicoeducación sin jerga: entender por qué aparece la alerta ya reduce culpa y confusión.
Entrenamos recursos para bajar activación y aumentar presencia: respiraciones con anclaje, orientación al entorno, pausas somáticas, lenguaje interno que cuida. Lo aplicamos en sesión y te lo llevas a casa con pautas realistas.
Con más margen, trabajamos límites, elección y reparación. Ensayamos conversaciones difíciles, revisamos viejos guiones y generamos experiencias nuevas que tu sistema pueda sostener.
Check-in corporal de 2 minutos (mañana/tarde/noche): notar 3 zonas del cuerpo y 3 elementos del entorno para “aterrizar”.
Regulación por respiración en escalera: exhalación algo más larga que la inhalación, 3–5 ciclos, con atención a hombros/mandíbula.
Diálogo interno cuidadoso: cambiar “tengo que aguantar” por “puedo elegir” y “esto pasa”.
Reparaciones breves en relaciones: “necesito un momento y te respondo” en lugar de desaparecer o explotar.
En mi consulta veo a menudo que pequeños cambios sostenidos (ser consistentes con las pausas, pedir claridad, dormir mejor) se convierten en grandes resultados a medio plazo.
No todas las personas necesitan lo mismo. Según objetivos y ritmo, puedo integrar diferentes herramientas de forma sencilla y segura:
Notar, nombrar y modular señales del cuerpo sin forzarlas.
Para “desatascar” recuerdos y reacciones que quedaron atrapadas.
Sueño, alimentación, movimiento, límites con pantallas y relaciones.
El cómo nos relacionamos en sesión es parte del tratamiento; practicamos cercanía con límites, pedir ayuda y tolerar la diferencia.
Dar el primer paso es trabajo terapéutico en sí mismo. En la primera sesión te pregunto qué te trae, qué has probado y qué necesitas ahora. Juntas/os definimos un objetivo alcanzable para las próximas semanas y acordamos frecuencia (habitualmente semanal al inicio).
Te propongo el consultorio que mejor te encaje por zona y horario.
Videosesiones seguras; ideal si viajas, vives fuera o necesitas flexibilidad.
Te llevas pautas concretas para probar en el día a día (regulación, límites, conversaciones clave).
FAQ
La terapia de trauma y apego no solo trata síntomas, sino que va a la raíz: cómo aprendiste a vincularte y a sentirte a salvo. Es un enfoque profundo que combina comprensión emocional, corporal y relacional.
Si estás en una crisis aguda que requiere atención psiquiátrica inmediata o necesitas estabilización previa, esta terapia puede no ser lo más indicado en ese momento. Siempre valoramos juntas/os lo más adecuado para ti.
Si sientes miedo a ser rechazada/o, te cuesta pedir lo que necesitas o repites vínculos que te hacen daño, es probable que tu estilo de apego esté influyendo sin que lo notes del todo.
No hay una duración fija, pero muchas personas notan cambios significativos entre los 3 y 6 meses. El ritmo lo marcamos juntas/os según tus objetivos y lo que vaya surgiendo en el camino.
Sí. No hace falta recordar todo con detalle. Trabajamos con lo que tu cuerpo, tus emociones y tus relaciones actuales ya están mostrando, sin forzar memorias.
Es completamente normal. Creamos juntas/os un espacio donde no hace falta tenerlo todo claro ni hablar de todo desde el primer día. Vamos poco a poco, con respeto a tu ritmo.
Sí. La terapia puede complementar el trabajo psiquiátrico y, de hecho, muchas personas combinan ambos enfoques. Siempre priorizamos la coordinación y tu bienestar.
Claro. No necesitas encajar en una etiqueta exacta. Esta terapia no se basa en encasillar, sino en entender tu historia y darte más libertad de elección emocional y relacional.
La mayoría empieza a notar más claridad interna, menos reactividad emocional y una sensación de alivio al entender “por qué me pasa lo que me pasa”. Eso ya es transformador.
Sí. Desde pausas somáticas hasta cambiar el diálogo interno, los ejercicios que propongo están pensados para que los apliques en tu día a día y sientas mejoras reales, no solo en sesión.
Pánico, rumiación, miedo al juicio, perfeccionismo. Recuperamos foco y descanso con trabajo corporal, cognitivo y relacional.
Tristeza persistente, apatía, pérdida de sentido. Buscamos significados y hábitos que sostengan tu día a día.
Límites, dependencia, celos, dificultades para intimar.